Presente y futuro del pensamiento cubano

Dr. Alexis Jardines. Profesor Titular, Universidad de La Habana.

El trabajo ―que persigue el objetivo de echar las bases para la creación de Think Tanks en Cuba y, particularmente, de uno focalizado en políticas educacionales― se divide en tres partes. Las dos primeras explican la ausencia de tales instituciones en la Isla. Así, a la interrogante de por qué no hay Tanques Pensantes en nuestro país se responde de inmediato: porque no hay pensamiento y; porque no hay sociedad civil. En correspondencia con ello el primer epígrafe es titulado «El pensamiento único», mientras el segundo figura como «La aniquilación del espacio público».
Comienza, pues, la exposición con una valoración del capital teórico-conceptual y, en general, intelectual desde los mismos inicios, con el padre Agustín Caballero, y hasta nuestros días. La idea a destacar aquí es que Varela, Luz y el propio Caballero no tenían un pensamiento propio y estructurado, pero sí ideario. No eran filósofos sino maestros; no eran pensadores, sino grandes reformistas y, particularmente, reformadores de la enseñanza. La academia cubana los vende hoy como filósofos, con lo que oculta ―y traiciona― el legado de aquellos Padres Fundadores que luchaban contra la imposición de programas de estudio y por la libertad de cátedra. Continúa así esta primera parte con el examen de la etapa republicana, en la que se descubre el momento filosófico y verdaderamente creativo del pensamiento cubano.
Por último, se detiene en el período revolucionario con énfasis en el momento actual, cuando un cambio en la política universitaria ―que ha implicado un cambio de Ministro de Educación Superior― ha significado, curiosamente, un franco retroceso. El punto aquí es que la nueva iniciativa, que no entraña reforma alguna, sino todo lo contrario, está dirigida a priorizar lo que se ha llamado «trabajo político-ideológico» y la «formación de valores». Es fácil ver que ambas cosas son lo mismo. En consecuencia, el rendimiento docente ―que ya venía siendo desde el mismo triunfo revolucionario algo de segundo orden― se reconoce hoy, tácitamente, como un factor notoriamente secundario y subestimado en la política educacional cubana. Lo que más destaca en ella, y con esto se cierra el primer epígrafe, es, precisamente, su anti-reformismo.
La segunda parte aborda el presente cubano desde los puntos de contacto que pueda tener con el totalitarismo y el nacionalismo, buscando las causas de la depresión del espacio público y de la extinción de la sociedad civil para argumentar la respuesta del por qué de la ausencia de los Tanques Pensantes. En este sentido, dado que no hay en la Isla ni mercado, ni asociaciones voluntarias, ni opinión pública ―que son el contenido de la sociedad civil― y sí una política de investigación centralizada e ideologizada, se puede hablar del Estado cubano como de un inmenso Tanque Pensante sin opinión pública. Se cierra este segundo epígrafe con otra pregunta que da paso a la parte tercera: ¿es posible, en las condiciones actuales, que sobreviva un estado nacionalista-totalitario, aniquilador de la dimensión cívica?
En el epígrafe conclusivo «El vacío ético del proyecto cubano» se intenta definir el proyecto social cubano en el contexto de la Globalización. La tesis de partida es el vaciamiento de sentido de los conceptos de capitalismo y socialismo (así como del fin de la propia polarización que ambos entrañan) motivado por tres factores fundamentales: el fin de la Guerra Fría, el surgimiento de las unidades trans y postnacionales y el predominio de lo tecnológico como factor aglutinador y homogeneizador a nivel global.
La idea a destacar aquí es el dilema ético que significa para el Estado cubano ―tras el derrumbe del socialismo y del marxismo soviéticos― operar con algunos valores de las democracias occidentales neoliberales (feminismo, tolerancia étnica y sexual, defensa del medioambiente, etc.) como si fueran propios y, al mismo tiempo, rechazar los derechos y las libertades individuales como aberraciones capitalistas, poniendo en su lugar el derecho a la autodeterminación y la soberanía nacional.
La conclusión más general a la que arriba el trabajo es que el socialismo cubano se viene revelando y/o reduciendo, con escasas posibilidades de cambio futuro inmediato, básicamente a un mecanismo (patriarcal, autoritario y centralizado) de distribución de las riquezas legitimado, incongruentemente, en un universalismo ético importado del Occidente neoliberal, por una parte, y en un nacionalismo patriotero (sentimiento de colonia), por la otra.
Recomendaciones: Atendiendo a la especial situación que vive el país, dar pasos por la vía de la creación de «tanques pensantes» sui géneris, esto es, aquellos que ―estructurados no como instituciones, sino como pequeños grupos no gubernamentales de estudios avanzados― llenen el vacío de pensamiento mediante la producción (y publicación en la red) de ideas originales y de políticas, en un primer momento educacionales, que vayan sentado las bases de la recuperación de las universidades cubanas y de su espíritu competitivo.