¿Me dejan leer a Ángel Santiesteban, por favor?

Por Maykel Paneque

Quiero entrevistar a Ángel Santiesteban. No ahora, desde hace mucho, cuando leyera ese cuento tremendo La Puerca, ambientado en un régimen carcelario y que mereciera el Premio César Galeano en 1999. Le paso un sms. Quiero escribir un perfil sobre ti, algo ambicioso, para publicarlo en Havana Times. Y me responde: Ok herma, para lo q m necesites y pueda ser útil.

He esperado tres horas y 40 minutos para comprar una tarjeta de navegación a Internet. Me dirijo con dolor de cabeza, pero eufórico, al parque 9 de Abril, donde instalaron un servicio Wifi hará dos meses, en el Cotorro, donde vivo. Los cibernautas están ensimismados en sus equipos portátiles, disfrutando la comunicación, el tráfico de ideas, la celebración de sus sueños, al menos eso parece.

Por mi parte, sueño con llegar a casa y leer todo lo que descargue sobre este escritor al que muchos auguran que ha tenido una vida más interesante que sus escritos. Coloco en Google Ángel Santiesteban entrevistas y espero, ¿un minuto, dos? Empiezo a sudar con todo lo que se muestra a mis ojos. Me voy a dar un buen banquetazo, pienso. Doy clik a Ángel Santiesteban: “Estar en la cárcel es caminar por los intestinos del país”. Entrevista al escritor por Jorge Ángel Pérez.  www.cubanet.com. Pasa el tiempo, duele como pasa y no aparece el texto.

Me paso las manos por el pantalón una y otra vez para eliminar el sudor, no vaya a ser que la pantalla táctil se bloquee y tenga que empezar todo de nuevo con varios minutos menos en el saldo, una desventaja que no puedo permitirme. He pagado dos cuc por una hora de navegación. Acceder a Internet no me cuesta un ojo de la cara, por fortuna pide menos. Que renuncie a 45 huevos, por ejemplo, o a 15 libras de chícharos si me diera por elegir ese grano.

Sigue pasando el tiempo y sigue doliendo. Tal parece que las palabras de Santiesteban se resisten a comparecer. De pronto aparece en  la pantalla: “No se ha podido acceder a la página web. Es posible que se encuentre temporalmente fuera de servicio o se haya traslado a otra dirección”.

No me desanimo, hay otras opciones. Pincho Me obligué a no soñar. Declaraciones de Ángel Santiesteban al salir de prisión. www.14ymedio.com. Vuelve a entablarse la fe, el futuro diálogo con la esperanza y lo posible. Quiero creer que los cubanos tenemos derechos no a  la red de redes, sino a la información que brinda ella.

No estoy buscando información de un terrorista (derecho que me asiste, claro está) sino de un escritor que ha sido Premio Uneac, Alejo Carpentier y Casa de las Américas, un narrador sin el cual no se puede dibujar el mapa de la Cuba literaria. Ha pasado el tiempo y vuelve a mostrarse otro anuncio. “No se puede acceder a esta página. Intente lo siguiente: compruebe las opciones de itinerancia”. Verifico el tiempo consumido: 22 minutos.

No quiero pensar en los huevos que he dejado de comer ni en los chícharos que no podré comprar, empezaría a maldecir y a culpar. Las calumnias para después, si son procedentes, me digo. Toco con la yema de un dedo Carta de Ángel Santiesteban. El escritor cubano nos ha enviado esta nota en respuesta a una publicación aparecida en un blog oficialista y firmada por escritoras. http:/estadodesats.com.

Sigo sudando. Calma, ahora sí, es la tercera, verás. Otro dicho se instala en mi cabeza. “Ver para creer” retumba en mi cerebro. Consulto el saldo. Va por 46 minutos y Santiesteban sin asomarse. No la quiero dentro de mí, a la impotencia. Quieta ahí, grito, y una muchacha a mi lado me observa asombrada y se aleja. Debe pensar que estoy loco. Aun así, voy a enloquecer si consumo la hora y no aparece Santiesteban. Estoy a punto de echarle la culpa al escritor, pero cómo culpar a alguien por decir lo que piensa.

De nuevo otro anuncio: “No se ha podido acceder a la página web. Es posible que se encuentre temporalmente fuera de servicio o se haya traslado a otra dirección”. Consulto el saldo: 56 minutos. Quedan cuatro. Voy arriesgarme. Toco Los hijos que nadie quiso / Blog de Ángel Santiesteban. Cuando acceda le dejaré una pregunta: qué carajo pasa que no puedo leer una maldita entrevista tuya, herma. Pero aparece otro anuncio: “La página login.nauta.cu dice: recargar su saldo”.

Me dan envidia algunos que teclean frenéticos sus laptops y mini laptops, aquella muchacha apostada al tronco de un árbol que llora de alegría mientras pronuncia en el manos libres unas palabras incomprensibles. A la envidia se une una tristeza indecible: regresar a mi casa abatido y desconsolado por no poder leer a Ángel Santiesteban.

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