Chupi chupi… hacia el fin de la estética del sacrificio

Al Caballete de Rufo

Voces del reggaeton cubano (Osmani García, Blad MC, Chocolate, El Príncipe, Macry, William “El Magnífico”, DJ Conds, Nando Pro, Eri White, Yulien Oviedo, Patry White “La Dictadora”, Jacob Forever e Insurrecto) coinciden en un espacio más cercano a lo onírico ̶ asociado también con lo erótico y todo un universo de fantasías sexuales ̶ que a lo “real” de la Cuba actual. Por esta vez, no hay nada que nos traslade de manera directa a las ruinas de la ciudad de las columnas, de los portales, los solares y el calor; nada del folklore y el cubaneo demodé que tanto venden en el extranjero y tanto complacen a un Gobierno sostenido culturalmente por un catálogo de estereotipos inofensivos e inviolables muy distantes de cuanto implica creación.

El videoclip del tema musical Chupi chupi de Osmani García “La Voz” dirigido por Joel Guilian (productora independiente Around the Music) resulta, en este aspecto, sencilla e ingenuamente maravilloso; lo cual se traduce también en refrescante, diferente y problemático (mejor decir sospechoso) desde la perspectiva oficial. La única y sutil referencia al contexto a nivel visual, viene a ser un cuasi imperceptible letrero que anuncia las Cafeterías Cubanitas. Mientras el spanglish (Tienda/Store) nos desubica un poco ¿cuáles cubanitas? ¿las que viven en Cuba o las que están en Miami? Al tratarse de una locación concebida exclusivamente para el video en cuestión y pensada como espacio lúdico y heterotópico, la respuesta a estas posibles interrogantes sería ambas cubanitas.

Ya la bandera no es aquel peso que debemos llevar sobre los hombros (Soy lo que ves del dúo Buena Fe, videoclip dirigido por Rufo Caballero y producido por el ICAIC en el año 2008), símbolo del compromiso y la abnegación patriótica, motivo de sudor y lágrimas; sino parte de una escenografía alegórica de lo cubano, en tanto se despoja de su forma tradicional para ser ajustada a los cuerpos de las bailarinas-meseras en las Cafeterías Cubanitas. La bandera, ahora sí tan femenina como su género lo indica, se conjuga con sonrisas en un ambiente festivo, de goce, baile y juventud. Solamente sugieren su presencia los tonos (azul, rojo y blanco) que intervienen en el diseño de vestuario, en la gráfica aplicada a las latas de Cola Chupi y en la ambientación del garage, donde los almendrones comparten escenario con músicos y bailarines. Los propios colores así como la específica combinación de franjas rojas y blancas pudieran remitir incluso a la bandera norteamericana (cita a los cubanoamericanos), dando lugar espontáneamente a la fusión de ambas en un rediseño exclusivo, novedoso y transnacional. Retomando las preguntas ¿Cuáles cubanitas? ¿Las que viven en Cuba o las que están en Miami? Y la conclusión que se impone, ambas cubanitas. Por otra parte, la reverencia a lo italiano (entiéndase también a su productor ejecutivo Massimo Scolari) no queda reducida a la fonética y la sintaxis de la letra, sino que se convierte en inspiración para confeccionar otro de los atuendos y parte de la decoración misma del set según las tres listas verde, blanca y roja de la bandera italiana. Los trajes, a primera vista interpretados como disfraces de caramelos, vienen a ser ̶ quizás de manera indirecta ̶ una alusión a la simbiosis desprejuiciada de las más variadas culturas, unión de todos los cubanos, estén en La Habana, Miami o Milán.

Se puede afirmar, a partir de este ejemplo, que el videoclip cubano (sacando ventaja al cine y las artes plásticas) ha comenzado a evadir las fronteras; en esta breve secuencia de imágenes queda a la vez planteado y resuelto el tema recurrente de las dos orillas, queda anulada la incertidumbre presente/futuro y sepultada la estética del sacrificio, bajo el presagio de una Cuba fruitiva y postnacional.