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Por: Antonio G. Rodiles

Las medidas lanzadas por Mijaíl Gorbachov que pretendían un socialismo más eficiente y humano, fracasaron y llevaron a la desintegración de la URSS.

Hacia 1991, la élite comunista buscó ganar legitimidad mitigando la profunda crisis económica mediante la importación de productos, incremento de salarios, beneficios sociales y control de precios. La deuda externa creció, al igual que la inflación. Las maniobras eran pocas y tardías.

El ambiente errático estimuló la búsqueda del enriquecimiento de los directores rojos, cuadros partidistas, oficiales de la KGB. La nomenclatura comprendió que podía mantener los privilegios ahora sin ideología. ¿Por qué manejar un Volga si se puede un Mercedes?

El fracaso del golpe de Estado de ese año, aceleró la dinámica de las transformaciones políticas y económicas e hizo lucir al sector oportunista de la nomenclatura como reformista. Ellos, junto a los de línea dura, eran obstáculo de las transformaciones y solo cedieron a cambio de beneficios personales, apoderarse de empresas y acumular fortunas.

La privatización en Rusia terminó convirtiéndose en una piñata cargada de corrupción y clientelismo político. Quien fuera primer ministro en ese período, el economista Yegor Gaidar, se ha justificado mediante el dilema de dar pasos fallidos o aceptar la permanencia de los comunistas con su sistema.

Si bien la glasnost eliminó algo del hermetismo comunista, no fue suficiente para denunciar y frenar las redes de delincuencia de cuello blanco.

El resultado no fue la construcción de una estructura social que diera pasos a la democracia, por el contrario, se enrumbó hacia un autoritarismo que desde hace 20 años está bajo el control de un ex agente de la KGB, Vladimir Putin.

Rusia cuenta con amplios recursos naturales, una industria armamentista, armas nucleares, influencia en el orden geopolítico, es uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, lo que la convierte en un actor a nivel global, algo muy distinto al régimen cubano.

La élite castrista, representada por familiares e individuos afines, se ha apropiado de los negocios más lucrativos. Sin embargo, la inoperancia del sistema se sigue manifestando dada la dependencia económica de Venezuela y la fragilidad ante el incremento de las sanciones de la actual administración norteamericana. Este escenario les obliga a dar nuevos pasos.

Quienes diseñan las nuevas maniobras conocen del fracaso y del peligro de la perestroika. En aquel caso la economía solo remontó con un espurio proceso de privatización y flexibilización del mercado. A lo que sumaron abultados préstamos de organismos internacionales y de naciones occidentales a quienes Boris Yeltsin, les vendió el desmontaje del comunismo como un hecho.

¿Está valorando el castrismo entrar en un proceso de profundización en las maniobras económicas?

Las sanciones que hoy se aplican sobre el régimen, contienen en su génesis, el conflicto de la propiedad. Las reclamaciones por confiscaciones ilegales, algunas activadas por el capítulo III de la Ley Helms-Burton, aplicadas en los primeros años de la llamada revolución, a extranjeros y a cubanos radicados o no en la Isla, tomarán aún más relevancia si el régimen promueve alguna versión de privatización o usufructo como medidas para relajar los controles económicos. El tema de la propiedad en Cuba es una tarea pendiente.

Tampoco el castrismo puede aspirar a préstamos sustanciales de instituciones financieras o de países a nivel individual. Sus deudas son abultadas y recurrentemente se encuentra en impagos.

De cara a un segundo mandato de Donald Trump con sus implicaciones para Cuba, la desaparición física o salida de la esfera pública de Raúl Castro, el hartazgo de un pueblo cada vez más frustrado, sumándose una emergente ¨glásnost caribeña¨ en las redes sociales ¿cuál es la herencia del régimen para los suyos?

El castrismo no está atado de pies y manos y es astuto, pero su futuro es incierto e inexplorado, un escenario que hasta hace muy poco parecía distinto.

Por Antonio G Rodiles

El castrismo ha lanzado una reforma de la empresa estatal socialista como novedoso método para intentar revivir la precaria economía en la que vivimos desde hace más de 60 años. Menciona la promulgación de una nueva Ley de Empresas, programada para el 2022, como el sustento jurídico de tales “reformas”.

Qué de novedoso hay en este anuncio? Hagamos algo de historia.

En el año 1992, el economista oficialista José Luis Rodríguez, posteriormente nombrado ministro del ramo, mencionaba en un ensayo, que durante el pleno del Comité Central del PCS de la URSS, celebrado en junio de 1987, se adoptaron un grupo de medidas que resumía en los siguientes puntos:

  • Ampliación de los márgenes de independencia y responsabilidad de las empresas.

  • Transformación radical de la dirección centralizada de la economía.

  • Reforma radical de la planificación, formación de precios, mecanismos financieros crediticios y adopción del comercio al por mayor.

  • Creación de nuevas estructuras que aseguren la profundización de la especialización y cooperación, así como la incorporación de la ciencia a la producción.

  • El paso de un sistema de dirección centralizado a uno democrático, al desarrollo de la autogestión y del potencial humano.

Rodríguez añadía, que si bien las medidas eran formalmente inobjetables, vistas de conjunto, rebasaban el perfeccionamiento económico socialista e introducían elementos que ponían en peligro, la existencia del propio sistema.

Efectivamente, estas medidas que daban paso al proceso conocido como perestroika, dirigido por Mijail Gorbachov, culminaron con el fin de la confederación y del comunismo soviético. Sin embargo, para la nomenclatura en el poder, era evidente la necesidad de las reformas como única vía para evitar el colapso económico.

En diciembre de 1988 los soviéticos daban fin al monopolio estatal en el ámbito del comercio exterior. En el sector agrícola se introdujeron transformaciones relacionadas con la forma de propiedad. Se autorizó el arrendamiento de tierras estatales por trabajadores individuales o cooperativas.

En mayo del mismo año se promulgó una ley para equiparar, las cooperativas no agropecuarias con la empresa estatal. Estas cooperativas se convirtieron en fuentes de especulación y enriquecimiento sin que aumentara la producción o servicios a la población. En múltiples casos, eran creadas por los conocidos directores rojos o asociados a ellos. Dado el malestar generado, se estableció una política de precios y se restringieron, en la esfera comercial, las actividades de las mismas.

Durante 1989, la política económica soviética sigue buscando soluciones mediante la liberalización económica y transformaciones de las relaciones de propiedad. También se tomaron medidas anti inflacionarias regulando los precios de los productos alimenticios.

En ese año se disparó el mercado negro y se estima que alcanzó a suministrar el 40,7 % de los alimentos que consumió la población. El comercio de alcohol representaba del orden del 2.2% del PIB, el de la gasolina entre 30% y 65% del total de la gasolina vendida en las zonas urbanas, los choferes del transporte público cobraban directamente a los pasajeros y a su vez debían tener total cuidado de sus autobuses.

En agosto se amplió la independencia económica de las empresas estatales modificándose la ley de 1987. La falta de resultados estimulaba las discusiones sobre cuál sería el método más apropiado para transitar hacia una economía de mercado. Se consideró aplicar un programa de shock como el implementado en Polonia que tenía como antecedente el “plan de los 400 días” de Grigory Yavlinsky. Mientras tanto seguía el debate sobre la reforma monetaria y de precios.

Todas las medidas descritas no lograron los efectos que pretendían y en 1991, frente a la crisis económica y política, se desintegra la confederación y Rusia apuesta por medidas de más calado de la mano de Boris Yeltsin. Se desarrolla un proceso de privatización y liberalización cargado de irregularidades y contradicciones. Los directores rojos y los nuevos oligarcas serán piezas fundamentales, marcando el proceso.

La economía de un país necesita de una dinámica orgánica y no una especie de Frankenstein. El castrismo con su ineficiencia sistémica está inmerso en un escenario similar al de la URSS, donde el inmenso aparato represivo y de control, sumado a las sanciones económicas de la actual administración norteamericana juegan el mismo papel que el desgaste económico de los soviéticos, dado por la carrera armamentista de la Guerra Fría.

Las medidas propuestas recientemente por un grupo de economistas oficialistas, publicadas en el periódico trabajadores, son un remake o refrito de lo antes expuesto. En este caso hay que adicionar la presencia del conglomerado militar GAESA que constituye la supra institución que monopoliza y controla la economía cubana, la cual formalmente no es fiscalizada por ninguna otra instancia del Estado.

Desde la aparición de los llamados lineamientos, han anunciado, o implementado en algunos casos, la renovación de las formas de propiedad, y también han decretado la relación entre sus distintas formas, es decir: estatal, cooperativa y cuentapropismo. Sin embargo, en la práctica los anuncios solo han servido a contados casos que ejemplifican el tráfico de influencias existente en el sistema.

Hasta el momento las maniobras ejecutadas por el castrismo no han tenido el resultado que ellos esperaban. Los movimientos zigzagueantes no han permitido ni siquiera una estabilidad en el mediano plazo.

La nueva promoción y ampliación de directores rojos, estará marcada por un incremento notable de la corrupción. La ambigüedad en la forma de propiedad (al estilo de un usufructo), convertirá las nuevas prerrogativas en posibilidades de saquear un botín, que siempre resultará efímero e incierto. Al final los favorecidos buscarán un proceso del tipo de privatización espontánea, que de darse, vendrá labrando el camino del neocastrismo.

El régimen está en un cuello de botella, si no se mueve su sistema se desmorona; si reforma, entrará en su período de mayor incertidumbre.

Por: Antonio G. Rodiles

Hace diez años el régimen vendía a la comunidad internacional y sobre todo a la administración de Barack Obama, que en Cuba existía un proceso de reformas con eje en el llamado cuentapropismo. Se trató en esencia de una jugada política que justificaría el posterior “deshielo”.

Ante el incremento de las sanciones económicas por parte de la actual administración, la profunda crisis que se vive en la Isla y la experiencia acumulada en Venezuela, el régimen cubano se apresta a usar alternativas más audaces para su sobrevivencia.

El periódico oficialista Trabajadores publicó un paquete de medidas las que, según, a solicitud de Miguel Diaz Canel, promueven un grupo de economistas. Las propuestas buscarían la renovación de la economía estatal e incluirían contenidos para una futura “Ley de Empresas» en la Isla. Dentro de las medidas están:

1. separar las funciones estatales y empresariales

2. descentralizar el comercio exterior

3. crear mayores incentivos financieros para la exportación y la sustitución de importaciones

4. cambios en el sistema bancario que favorezcan un mayor acompañamiento de las empresas

5. relaciones transparentes y legítimas entre todos los actores económicos

6. mayor autonomía empresarial, que las entidades puedan escoger su modelo de gestión, definir sus proveedores y clientes, precios, salarios y cargos propios

7. formar directivos y hombres de negocios, experimentación gerencial

Este paquete recuerda la misma lógica que durante el período de la perestroika en 1988 promovió Mijail Gorbachov para luego introducir reformas más profundas.

Examinemos cómo funcionaron en aquel contexto, hace más de treinta años y su proyección en la situación actual de la Isla.

Mientras Gorbachov trataba infructuosamente de estimular la economía soviética la crisis política y social se acrecentaba. Una vez que se produce la desintegración de la URSS, Boris Yeltsin toma el mando y comienzan nuevos intentos por salir de la profunda depresión. Los actores reformistas sentían premura por privatizar las empresas para evitar que la nomenclatura frenara el proceso de reformas. Dentro de ese contexto toman partido los directores rojos, cuadros de esa nomenclatura comunista, quienes a cambio de aceptar un giro en el rumbo político se adueñaron de las fábricas por ellos administradas y generarían un ambiente de rapiña.

Los directores rojos terminaron convirtiéndose en un freno para las transformaciones económicas. Estos cuadros recibían los réditos personales esperados, tributaban a sus aliados políticos pero temían una competencia real en el plano empresarial. Según algunas cifras menos del 2.5% de los directores rojos habían sido despedidos para finales de 1994. El escenario empresarial ruso no se desmonopolizó y fue testigo de una guerra entre los distintos actores por hacerse de las mayores empresas y establecer lealtades con agentes de poder. Gazpron fue un caso claro, Viktor Chernomyrdin, primer ministro durante el período de Yeltsin se convirtió en el primer director de dicha empresa y acumuló una fortuna estimada en 8 mil millones de dólares.

Muchos describen el final del comunismo ruso como un momento donde primó un vacío institucional. Sin embargo, especialistas como Anders Aslund aseguran que este período fue conducido por los directores rojos que usaron las anomalías institucionales y la incompatibilidad entre las políticas implementadas con la economía de libre mercado para obtener beneficios personales y de grupo. Ejemplo de estas políticas espurias son: forzar tasas de interés, distorsión de precios, múltiples tasas de cambio monetario, emisión desproporcionada de moneda, entre otras.

Cuando analizamos las propuestas presentadas en el periódico oficialista observamos pasos hacia la entrega de empresas en una especie de usufructo a los nuevos “directores o gerentes rojos”. Los puntos 1,2,3,4 preparan las condiciones para la implementación del punto 6.

Un elemento crucial dentro de estas medidas sería el relacionado con los bancos. Es un criterio generalizado que en los países ex comunistas la mayor fuente de corrupción surgió en estas instituciones. Desde el manejo de créditos blandos hasta el uso fraudulento de los tipos cambiarios dieron amplias posibilidades de hacerse de fuertes sumas de dinero.

En el caso cubano, el sistema bancario y financiero del castrismo se encuentra bajo la total égida de GAESA manejado por López Calleja. La actual designación de Manuel Marrero como primer ministro, facilita a esa élite determinar las inversiones de interés. Recientemente, también las remesas desde el exterior han pasado a ser oficialmente controladas por este conglomerado militar.

Todo parece indicar que los cuentapropistas y las cooperativas agropecuarias y no agropecuarias tendrán que orbitar alrededor de las “empresas estatales de nuevo tipo” que incluirán la búsqueda de muchos de sus insumos, convirtiéndose en bisagras para intentar evadir las sanciones de los EU sobre las entidades militares y eje para el sector no estatal.

Con estas maniobras el régimen intenta dar una solución al diseño económico planteado durante el deshielo frente a la aplicación del capítulo tres y cuatro de la Ley Helms-Burtom. Los voceros del castrismo lo han dicho muy claro: el objetivo es fracturar el embargo.

La “privatización de nuevo tipo” que busca dar viabilidad al neocastrismo no solo enfrentará la falta de liquidez, el impago de la deuda, la inexistencia y ruina de una infraestructura básica, tendrá que lidiar con los altos niveles de corrupción existentes que se dispararán ante un escenario de gran incertidumbre.

Cuando los economistas oficialistas hablan de establecer “relaciones transparentes y legítimas entre todos los actores económicos” ponen sin dudas un toque de humor o cinismo. Recordar que el supra ministerio GAESA de la familia Castro posee todo el control económico, no es supervisado por la Contraloría General de la República ni tiene obligación alguna de rendir cuentas.

La llamada ley de empresas está anunciada para el 2022 un año después del próximo congreso del PCC planeado para abril del 2021. Mientras tanto, como han declarado, todo se mantiene en «estudio”.

 

 

 

Europa del Este

Por: Antonio G. Rodiles

Las medidas lanzadas por Mijaíl Gorbachov que pretendían un socialismo más eficiente y humano, fracasaron y llevaron a la desintegración de la URSS.

Hacia 1991, la élite comunista buscó ganar legitimidad mitigando la profunda crisis económica mediante la importación de productos, incremento de salarios, beneficios sociales y control de precios. La deuda externa creció, al igual que la inflación. Las maniobras eran pocas y tardías.

El ambiente errático estimuló la búsqueda del enriquecimiento de los directores rojos, cuadros partidistas, oficiales de la KGB. La nomenclatura comprendió que podía mantener los privilegios ahora sin ideología. ¿Por qué manejar un Volga si se puede un Mercedes?

El fracaso del golpe de Estado de ese año, aceleró la dinámica de las transformaciones políticas y económicas e hizo lucir al sector oportunista de la nomenclatura como reformista. Ellos, junto a los de línea dura, eran obstáculo de las transformaciones y solo cedieron a cambio de beneficios personales, apoderarse de empresas y acumular fortunas.

La privatización en Rusia terminó convirtiéndose en una piñata cargada de corrupción y clientelismo político. Quien fuera primer ministro en ese período, el economista Yegor Gaidar, se ha justificado mediante el dilema de dar pasos fallidos o aceptar la permanencia de los comunistas con su sistema.

Si bien la glasnost eliminó algo del hermetismo comunista, no fue suficiente para denunciar y frenar las redes de delincuencia de cuello blanco.

El resultado no fue la construcción de una estructura social que diera pasos a la democracia, por el contrario, se enrumbó hacia un autoritarismo que desde hace 20 años está bajo el control de un ex agente de la KGB, Vladimir Putin.

Rusia cuenta con amplios recursos naturales, una industria armamentista, armas nucleares, influencia en el orden geopolítico, es uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, lo que la convierte en un actor a nivel global, algo muy distinto al régimen cubano.

La élite castrista, representada por familiares e individuos afines, se ha apropiado de los negocios más lucrativos. Sin embargo, la inoperancia del sistema se sigue manifestando dada la dependencia económica de Venezuela y la fragilidad ante el incremento de las sanciones de la actual administración norteamericana. Este escenario les obliga a dar nuevos pasos.

Quienes diseñan las nuevas maniobras conocen del fracaso y del peligro de la perestroika. En aquel caso la economía solo remontó con un espurio proceso de privatización y flexibilización del mercado. A lo que sumaron abultados préstamos de organismos internacionales y de naciones occidentales a quienes Boris Yeltsin, les vendió el desmontaje del comunismo como un hecho.

¿Está valorando el castrismo entrar en un proceso de profundización en las maniobras económicas?

Las sanciones que hoy se aplican sobre el régimen, contienen en su génesis, el conflicto de la propiedad. Las reclamaciones por confiscaciones ilegales, algunas activadas por el capítulo III de la Ley Helms-Burton, aplicadas en los primeros años de la llamada revolución, a extranjeros y a cubanos radicados o no en la Isla, tomarán aún más relevancia si el régimen promueve alguna versión de privatización o usufructo como medidas para relajar los controles económicos. El tema de la propiedad en Cuba es una tarea pendiente.

Tampoco el castrismo puede aspirar a préstamos sustanciales de instituciones financieras o de países a nivel individual. Sus deudas son abultadas y recurrentemente se encuentra en impagos.

De cara a un segundo mandato de Donald Trump con sus implicaciones para Cuba, la desaparición física o salida de la esfera pública de Raúl Castro, el hartazgo de un pueblo cada vez más frustrado, sumándose una emergente ¨glásnost caribeña¨ en las redes sociales ¿cuál es la herencia del régimen para los suyos?

El castrismo no está atado de pies y manos y es astuto, pero su futuro es incierto e inexplorado, un escenario que hasta hace muy poco parecía distinto.

Por Antonio G Rodiles

El castrismo ha lanzado una reforma de la empresa estatal socialista como novedoso método para intentar revivir la precaria economía en la que vivimos desde hace más de 60 años. Menciona la promulgación de una nueva Ley de Empresas, programada para el 2022, como el sustento jurídico de tales “reformas”.

Qué de novedoso hay en este anuncio? Hagamos algo de historia.

En el año 1992, el economista oficialista José Luis Rodríguez, posteriormente nombrado ministro del ramo, mencionaba en un ensayo, que durante el pleno del Comité Central del PCS de la URSS, celebrado en junio de 1987, se adoptaron un grupo de medidas que resumía en los siguientes puntos:

  • Ampliación de los márgenes de independencia y responsabilidad de las empresas.

  • Transformación radical de la dirección centralizada de la economía.

  • Reforma radical de la planificación, formación de precios, mecanismos financieros crediticios y adopción del comercio al por mayor.

  • Creación de nuevas estructuras que aseguren la profundización de la especialización y cooperación, así como la incorporación de la ciencia a la producción.

  • El paso de un sistema de dirección centralizado a uno democrático, al desarrollo de la autogestión y del potencial humano.

Rodríguez añadía, que si bien las medidas eran formalmente inobjetables, vistas de conjunto, rebasaban el perfeccionamiento económico socialista e introducían elementos que ponían en peligro, la existencia del propio sistema.

Efectivamente, estas medidas que daban paso al proceso conocido como perestroika, dirigido por Mijail Gorbachov, culminaron con el fin de la confederación y del comunismo soviético. Sin embargo, para la nomenclatura en el poder, era evidente la necesidad de las reformas como única vía para evitar el colapso económico.

En diciembre de 1988 los soviéticos daban fin al monopolio estatal en el ámbito del comercio exterior. En el sector agrícola se introdujeron transformaciones relacionadas con la forma de propiedad. Se autorizó el arrendamiento de tierras estatales por trabajadores individuales o cooperativas.

En mayo del mismo año se promulgó una ley para equiparar, las cooperativas no agropecuarias con la empresa estatal. Estas cooperativas se convirtieron en fuentes de especulación y enriquecimiento sin que aumentara la producción o servicios a la población. En múltiples casos, eran creadas por los conocidos directores rojos o asociados a ellos. Dado el malestar generado, se estableció una política de precios y se restringieron, en la esfera comercial, las actividades de las mismas.

Durante 1989, la política económica soviética sigue buscando soluciones mediante la liberalización económica y transformaciones de las relaciones de propiedad. También se tomaron medidas anti inflacionarias regulando los precios de los productos alimenticios.

En ese año se disparó el mercado negro y se estima que alcanzó a suministrar el 40,7 % de los alimentos que consumió la población. El comercio de alcohol representaba del orden del 2.2% del PIB, el de la gasolina entre 30% y 65% del total de la gasolina vendida en las zonas urbanas, los choferes del transporte público cobraban directamente a los pasajeros y a su vez debían tener total cuidado de sus autobuses.

En agosto se amplió la independencia económica de las empresas estatales modificándose la ley de 1987. La falta de resultados estimulaba las discusiones sobre cuál sería el método más apropiado para transitar hacia una economía de mercado. Se consideró aplicar un programa de shock como el implementado en Polonia que tenía como antecedente el “plan de los 400 días” de Grigory Yavlinsky. Mientras tanto seguía el debate sobre la reforma monetaria y de precios.

Todas las medidas descritas no lograron los efectos que pretendían y en 1991, frente a la crisis económica y política, se desintegra la confederación y Rusia apuesta por medidas de más calado de la mano de Boris Yeltsin. Se desarrolla un proceso de privatización y liberalización cargado de irregularidades y contradicciones. Los directores rojos y los nuevos oligarcas serán piezas fundamentales, marcando el proceso.

La economía de un país necesita de una dinámica orgánica y no una especie de Frankenstein. El castrismo con su ineficiencia sistémica está inmerso en un escenario similar al de la URSS, donde el inmenso aparato represivo y de control, sumado a las sanciones económicas de la actual administración norteamericana juegan el mismo papel que el desgaste económico de los soviéticos, dado por la carrera armamentista de la Guerra Fría.

Las medidas propuestas recientemente por un grupo de economistas oficialistas, publicadas en el periódico trabajadores, son un remake o refrito de lo antes expuesto. En este caso hay que adicionar la presencia del conglomerado militar GAESA que constituye la supra institución que monopoliza y controla la economía cubana, la cual formalmente no es fiscalizada por ninguna otra instancia del Estado.

Desde la aparición de los llamados lineamientos, han anunciado, o implementado en algunos casos, la renovación de las formas de propiedad, y también han decretado la relación entre sus distintas formas, es decir: estatal, cooperativa y cuentapropismo. Sin embargo, en la práctica los anuncios solo han servido a contados casos que ejemplifican el tráfico de influencias existente en el sistema.

Hasta el momento las maniobras ejecutadas por el castrismo no han tenido el resultado que ellos esperaban. Los movimientos zigzagueantes no han permitido ni siquiera una estabilidad en el mediano plazo.

La nueva promoción y ampliación de directores rojos, estará marcada por un incremento notable de la corrupción. La ambigüedad en la forma de propiedad (al estilo de un usufructo), convertirá las nuevas prerrogativas en posibilidades de saquear un botín, que siempre resultará efímero e incierto. Al final los favorecidos buscarán un proceso del tipo de privatización espontánea, que de darse, vendrá labrando el camino del neocastrismo.

El régimen está en un cuello de botella, si no se mueve su sistema se desmorona; si reforma, entrará en su período de mayor incertidumbre.

Por: Antonio G. Rodiles

Hace diez años el régimen vendía a la comunidad internacional y sobre todo a la administración de Barack Obama, que en Cuba existía un proceso de reformas con eje en el llamado cuentapropismo. Se trató en esencia de una jugada política que justificaría el posterior “deshielo”.

Ante el incremento de las sanciones económicas por parte de la actual administración, la profunda crisis que se vive en la Isla y la experiencia acumulada en Venezuela, el régimen cubano se apresta a usar alternativas más audaces para su sobrevivencia.

El periódico oficialista Trabajadores publicó un paquete de medidas las que, según, a solicitud de Miguel Diaz Canel, promueven un grupo de economistas. Las propuestas buscarían la renovación de la economía estatal e incluirían contenidos para una futura “Ley de Empresas» en la Isla. Dentro de las medidas están:

1. separar las funciones estatales y empresariales

2. descentralizar el comercio exterior

3. crear mayores incentivos financieros para la exportación y la sustitución de importaciones

4. cambios en el sistema bancario que favorezcan un mayor acompañamiento de las empresas

5. relaciones transparentes y legítimas entre todos los actores económicos

6. mayor autonomía empresarial, que las entidades puedan escoger su modelo de gestión, definir sus proveedores y clientes, precios, salarios y cargos propios

7. formar directivos y hombres de negocios, experimentación gerencial

Este paquete recuerda la misma lógica que durante el período de la perestroika en 1988 promovió Mijail Gorbachov para luego introducir reformas más profundas.

Examinemos cómo funcionaron en aquel contexto, hace más de treinta años y su proyección en la situación actual de la Isla.

Mientras Gorbachov trataba infructuosamente de estimular la economía soviética la crisis política y social se acrecentaba. Una vez que se produce la desintegración de la URSS, Boris Yeltsin toma el mando y comienzan nuevos intentos por salir de la profunda depresión. Los actores reformistas sentían premura por privatizar las empresas para evitar que la nomenclatura frenara el proceso de reformas. Dentro de ese contexto toman partido los directores rojos, cuadros de esa nomenclatura comunista, quienes a cambio de aceptar un giro en el rumbo político se adueñaron de las fábricas por ellos administradas y generarían un ambiente de rapiña.

Los directores rojos terminaron convirtiéndose en un freno para las transformaciones económicas. Estos cuadros recibían los réditos personales esperados, tributaban a sus aliados políticos pero temían una competencia real en el plano empresarial. Según algunas cifras menos del 2.5% de los directores rojos habían sido despedidos para finales de 1994. El escenario empresarial ruso no se desmonopolizó y fue testigo de una guerra entre los distintos actores por hacerse de las mayores empresas y establecer lealtades con agentes de poder. Gazpron fue un caso claro, Viktor Chernomyrdin, primer ministro durante el período de Yeltsin se convirtió en el primer director de dicha empresa y acumuló una fortuna estimada en 8 mil millones de dólares.

Muchos describen el final del comunismo ruso como un momento donde primó un vacío institucional. Sin embargo, especialistas como Anders Aslund aseguran que este período fue conducido por los directores rojos que usaron las anomalías institucionales y la incompatibilidad entre las políticas implementadas con la economía de libre mercado para obtener beneficios personales y de grupo. Ejemplo de estas políticas espurias son: forzar tasas de interés, distorsión de precios, múltiples tasas de cambio monetario, emisión desproporcionada de moneda, entre otras.

Cuando analizamos las propuestas presentadas en el periódico oficialista observamos pasos hacia la entrega de empresas en una especie de usufructo a los nuevos “directores o gerentes rojos”. Los puntos 1,2,3,4 preparan las condiciones para la implementación del punto 6.

Un elemento crucial dentro de estas medidas sería el relacionado con los bancos. Es un criterio generalizado que en los países ex comunistas la mayor fuente de corrupción surgió en estas instituciones. Desde el manejo de créditos blandos hasta el uso fraudulento de los tipos cambiarios dieron amplias posibilidades de hacerse de fuertes sumas de dinero.

En el caso cubano, el sistema bancario y financiero del castrismo se encuentra bajo la total égida de GAESA manejado por López Calleja. La actual designación de Manuel Marrero como primer ministro, facilita a esa élite determinar las inversiones de interés. Recientemente, también las remesas desde el exterior han pasado a ser oficialmente controladas por este conglomerado militar.

Todo parece indicar que los cuentapropistas y las cooperativas agropecuarias y no agropecuarias tendrán que orbitar alrededor de las “empresas estatales de nuevo tipo” que incluirán la búsqueda de muchos de sus insumos, convirtiéndose en bisagras para intentar evadir las sanciones de los EU sobre las entidades militares y eje para el sector no estatal.

Con estas maniobras el régimen intenta dar una solución al diseño económico planteado durante el deshielo frente a la aplicación del capítulo tres y cuatro de la Ley Helms-Burtom. Los voceros del castrismo lo han dicho muy claro: el objetivo es fracturar el embargo.

La “privatización de nuevo tipo” que busca dar viabilidad al neocastrismo no solo enfrentará la falta de liquidez, el impago de la deuda, la inexistencia y ruina de una infraestructura básica, tendrá que lidiar con los altos niveles de corrupción existentes que se dispararán ante un escenario de gran incertidumbre.

Cuando los economistas oficialistas hablan de establecer “relaciones transparentes y legítimas entre todos los actores económicos” ponen sin dudas un toque de humor o cinismo. Recordar que el supra ministerio GAESA de la familia Castro posee todo el control económico, no es supervisado por la Contraloría General de la República ni tiene obligación alguna de rendir cuentas.

La llamada ley de empresas está anunciada para el 2022 un año después del próximo congreso del PCC planeado para abril del 2021. Mientras tanto, como han declarado, todo se mantiene en «estudio”.

 

 

 

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