Castrochavismo: ocaso, maniobras y mutaciones

Cuba's former President Fidel Castro, center right, attends a gala for his 90th birthday accompanied by his brother and current President Raul, center left, and Venezuela's President Nicolas Maduro, right, at the 'Karl Marx' theater in Havana, Cuba, Saturday, Aug. 13, 2016. (Ismael Francisco, Cubadebate via AP)

(Publicado originalmente en El American)

Por Antonio G. Rodiles

La doctrina Obama, nueva versi√≥n del Detente de los a√Īos 70, se aplic√≥ durante un per√≠odo crucial para la regi√≥n. Luego de que el castrochavismo se adue√Īara de Venezuela y se lanzara a la conquista del continente, montado en la bonanza petrolera como sustento, vino un per√≠odo de retroceso del llamado ‚Äúsocialismo del siglo XX‚ÄĚI.

En el a√Īo 2012 en Venezuela, Enrique Capriles le disputaba la presidencia a un Hugo Ch√°vez enfermo. Los resultados de las elecciones estuvieron, como siempre, plagados de irregularidades. Pronto Hugo Ch√°vez morir√≠a y ser√≠a reemplazado por Nicol√°s Maduro, bajo el dictamen de la Habana. Capriles volv√≠a a competir en un nuevo proceso en el que se reconoc√≠a como ganador, pero que decidi√≥ no reclamar cuando le fue arrebatado el triunfo. 

El presidente Obama, en diciembre del 2014, estableció vínculos con el castrismo. La oposición se fracturaba en dos sectores: uno que apoyaba el llamado deshielo, dando todo al régimen a cambio de nada, y otro en el que nos opusimos rotundamente al infame pacto. Los entusiastas alegaban que el sistema no resistiría la interacción con el capitalismo.

Siete a√Īos despu√©s, contra todos los pron√≥sticos, el castrochavismo sigue vivo y aferrado al poder. Nicol√°s Maduro en Caracas y Miguel D√≠az-Canel en la Habana como t√≠teres de Ra√ļl Castro. Han sobrevivido, transitando de crisis en crisis, y han ampliado sus alianzas con reg√≠menes autoritarios y totalitarios a nivel global. 

El chavismo de la mano del castrismo ha administrado con cinismo, crudeza y total frialdad las presiones, golpes, asesinatos, torturas al pueblo y oposici√≥n venezolana. Los aparatos represivos, al interior de Venezuela y Cuba, trabajan en forma sistem√°tica y personalizada sobre los actores de la oposici√≥n pol√≠tica para neutralizaros, exiliarlos y frenar sus alcances. Saben que la presi√≥n permanente y maliciosa termina agotando y, en algunos casos, doblegando. 

Han tenido c√≥mplices a todos los niveles, en Am√©rica Latina, Europa, tambi√©n dentro de los propios Estados Unidos. La mano de seda aplicada durante la era Obama no hizo otra cosa que regalarles tiempo a los tiranos. La idea de jugar al Caballo de Troya no mostr√≥ resultados. 

Una vez que el presidente Trump tomó posesión, hubo un giro en la política. Las sanciones entraron con fuerza en la escena. Sin embargo, algunos asesores creyeron ciegamente que con las presiones externas el camino estaría casi andado para terminar con el régimen chavista. Se optó por los mismos actores políticos de la oposición, protagónicos de la era Obama, y se dejó correr el tiempo sin buscar una estrategia que valorara todo lo complejo del escenario.

Las falsas expectativas, llamamientos fallidos, corrupci√≥n, entre otros, han sido elementos presentes en sectores de la oposici√≥n. Los servicios de inteligencia del castro-chavismo han sacado dividendos y el gobierno interino de Juan Guaid√≥ est√° visiblemente agotado. 

Las esperanzas de que las fracturas internas y la avaricia llevar√≠an a un enfrentamiento entre  facciones del r√©gimen, se han ido desvaneciendo. Quienes dise√Īaron las estrategias desconocen, que incluso los carteles de la droga, saben hasta donde escalar en sus confrontaciones.

Mientras, a los Castro en la Habana, se les presionaba pero en menor cuant√≠a. Las sanciones econ√≥micas se reactivaron principalmente a trav√©s del Cap√≠tulo III de la Ley Helms-Burton, mientras Miguel D√≠az-Canel era oficialmente reconocido por toda la comunidad internacional como nuevo ‚Äúpresidente‚ÄĚ de Cuba. El r√©gimen, como viejo lobo, se volc√≥ a reducir a la oposici√≥n interna mediante un incremento del acoso, violaciones y presiones para que los activistas abandonaran la isla. A esto debemos sumar el escaso apoyo y el esfuerzo, desde el exterior de la isla, por desplazar el protagonismo a un √ļnico proyecto de car√°cter electoralista, Cuba Decide. Esta fallida estrategia sumado a la represi√≥n ha tra√≠do como resultado una oposici√≥n visiblemente reducida.  

La doctrina Obama demostró sus penosos resultados. El caso de Birmania es otro de los ejemplos más visibles. Recibir todo a cambio de nada, le permitía al castrismo mutar y entregar el país a los herederos familiares.

La pol√≠tica de Trump, en cambio, ha frenado el impulso de reg√≠menes autoritarios o totalitarios, pero esto apenas es la mitad del camino. Dos desaciertos importantes han sido la selecci√≥n de los aliados, as√≠ como la interpretaci√≥n de la informaci√≥n del terreno. No se puede pretender  resultados distintos intentando imponer el liderazgo de los mismos actores protag√≥nicos de la era Obama. Quienes han estado dispuestos a una cohabitaci√≥n con el castro-chavismo. 

Los Estados Unidos, país fundamental en la dinámica regional, se encuentra en un proceso electoral que definirá políticas exteriores muy distintas: regresar a la doctrina Obama, o continuar con la línea de Trump.

Un regreso a la doctrina Obama nos obligar√≠a a poner todo el empe√Īo para frenar una nueva ronda de negociaciones fallidas que legitimen a las tiran√≠as. Hoy existen sanciones que operan en forma efectiva contra ambos reg√≠menes, la suspensi√≥n de ellas implicar√≠a un penoso retroceso. 

Un segundo mandato del presidente Trump nos compromete a buscar una revaluaci√≥n de  actores y acciones. Poco favor se le hace a la causa de la libertad del hemisferio, si algunos consejeros o funcionarios contin√ļan obstinados en repetir los mismos errores. Los conceptos detr√°s de los fallos son tan similares en el caso Cuba y Venezuela que resulta evidente encontrar la fuente.

Si fuera reelecto el presidente Trump o ganara el candidato Biden, igualmente habr√° que reforzar las alianzas regionales y lograr que los pa√≠ses amigos cumplan con los convenios y tratados vigentes. El escenario regional se complejiza en la medida en que los reg√≠menes violadores y forajidos afincan sus bases en el hemisferio, mientras que los actores pol√≠ticos democr√°ticos se muestran ap√°ticos. 

El reciente triunfo del MAS en Bolivia muestra que la historia pendular de la regi√≥n sigue vigente. ¬ŅExiste posibilidad de un nuevo remonte del castro-chavismo o mutaci√≥n?

La capacidad destructiva del castrochavismo fue subestimada. El regreso a la democracia, de Cuba y Venezuela, implica un esfuerzo mayor del que muchos conceb√≠an. Los a√Īos venideros marcar√°n d√©cadas a nivel global. Hoy es el momento de empujar por un verdadero giro pol√≠tico en nuestros pa√≠ses y la regi√≥n. 


Antonio G. Rodiles es un activista político cubano.