El poco conocido Gulag del Caribe

Prisión Combinado del Este, La Habana. (EFE/ MARTINOTICIAS)

Cuando Alexander Solzhenitsyn, cinco años después de la muerte de Stalin en 1953, comenzó a escribir en la clandestinidad su monumental Archipiélago Gulag, no se imaginó que gracias a esa obra suya el mundo conocería los horrores de las prisiones en Siberia y otros lugares de la Unión Soviética durante la larga etapa del terror estalinista.

Gulag son las siglas en ruso de la Dirección General de Campos de Trabajo en la URSS (1930-1960). Ya la URSS no existe y todos saben cómo eran las prisiones soviéticas. En Rusia hoy ese es un libro imprescindible.

Pero en Cuba el estalinismo sigue en pie y del Gulag del Caribe se conoce muy poco, en pleno siglo XXI. Ex-presos políticos, escritores y periodistas independientes narran el sufrimiento en las prisiones, pero sus testimonios son ignorados, minimizados, o hasta negados por grandes medios de comunicación.

De alguna manera sique ocurriendo lo expuesto hace 31 años por Néstor Almendros y Jorge Ulla en su documental Nadie escuchaba. Pero hoy no hay justificación. Ya no puede alegarse que no hay información. Más de 200 periodistas independientes reportan constantemente desde la Isla el drama de las prisiones.

“Salían ratas del retrete”

Una expresión de que cuando los medios cumplen su papel todo es distinto, es el caso del biólogo Ariel Ruiz Urquiola. Tan pronto periodistas independientes informaron al mundo que había sido condenado a un año de cárcel por motivos políticos se inició una campaña internacional por su liberación, apoyada por la oposición interna, y por el propio científico, quien se declaró en huelga de hambre y sed. ¿Resultado? El valeroso científico fue liberado.

Luego Ruiz Urquiola narró a este diario que estaba en el campamento Cayo Largo en una celda minúscula en la que no cabía acostado. “A las 10:00PM me daban una colchoneta y la retiraban a las 6:00AM. Por el retrete salían ratas y tenía que taparlo con la mitad de un pomo plástico de dos litros, de esos de refresco, que había desde antes que yo llegara”. Y agregó: “Había una escotilla con barrotes a la que yo acercaba la cara para inspirar oxígeno”.

No hay gobierno en el planeta que le importe menos la vida humana que el castrista. Archivo Cuba tiene registradas la muerte en huelgas de hambre de 13 presos políticos. El primer huelguista de hambre muerto, en 1966, fue el opositor Roberto López Chávez, en Isla de Pinos. En 1967, fueron Luis Alvarez Ríos y Francisco Aguirre. Luego el exlíder estudiantil Pedro Luis Boitel, en 1972, y otros nueve, entre ellos Orlando Zapata en 2010, y Wilmer Villar en 2012.

Hay en Cuba hay más de 120 prisioneros de conciencia, documentados por la Comisión Nacional de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN) y que ha denunciado la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba (FDHC). Hay 27 presos políticos más que en 2016. Uno de ellos es Eduardo Cardet, en prisión hace dos años por osar criticar el legado de Fidel Castro.

Con Díaz-Canel la represión se ha disparado. Esbirros del MININT le dieron una paliza a las opositoras Micaela Roll Gibert y Aimara Nieto Muñoz en Calabazar, La Habana. ¿Qué delito cometieron? Gritaron “¡Abajo Díaz-Canel!”. Quienes tenemos edad suficiente recordamos las golpizas que en los años 50 recibían los estudiantes por gritar “¡Abajo Batista!”. Quién nos lo iba a decir.

Siguiendo la psiquiatría soviética

Hay nueve presos de conciencia desde hace más de 20 años, y algunos llevan 24 años, como Armando Sosa Fortuny y Miguel Díaz Bouza. Van en camino de igualar o superar la marca de Nelson Mandela de 27 años en prisión.

Cuando en 1987 Mandela cumplió 25 años en prisión, los medios hablaron del valeroso líder sudafricano, declarado entonces como el preso político más antiguo del mundo. Sin embargo, el Comité Cubano Pro Derechos Humanos circuló una lista de cerca de 20 presos políticos cubanos que habían permanecido en prisión tanto tiempo como Mandela, o más. Nadie le hizo caso.

Y cerca de otros 20 presos políticos cubanos llevan más de 15 años en la cárcel. “Son, sin duda, algunos de los presos políticos más antiguos del Hemisferio Occidental”, afirma la CCDHRN.

En tanto, la Fundación Memorial Víctimas del Comunismo, con sede en Washington, denunció la aplicación de “la psiquiatría punitiva de estilo soviético” en el presidio político castrista, y destacó el caso de Daniel Llorente, quien el Primero de Mayo de 2017 corrió delante del dictador Castro con una bandera de EEUU. Llorente fue internado en el hospital psiquiátrico habanero de Mazorra, y allí lo tuvieron preso hasta mayo de 2018. La fundación destacó que a Llorente le aplicaron electroshocks, radiación, aislamiento, tareas forzadas, drogas psicotrópicas, y palizas periódicas.

Archivo Cuba, con sede en Miami, informó a fines de 2017 que desde que el general Castro sustituyó a Fidel se habían documentado 204 muertes en prisiones y centros de detención. Acusó al régimen de haber asesinado o provocado la muerte de 12 personas en 2017, de las cuales nueve estaban en cárceles o centros de detención. Tres de ellos fueron los opositores políticos Adrián Sosa, del proyecto Estado de Sats; la Dama de Blanco Ada María López, y el activista de UNPACU Hamell Mas Hernández.

A diferencia de su fallecido hermano, a quien le gustaba condenar a largas condenas a los opositores políticos que decidía no fusilar, Raúl Castro prefiere condenas más cortas, pero a más personas. No los fusila pero los apalea, tortura, narcotiza, le aplica electroshocks, o los mata, siempre cuidando de que nadie lo pueda probar. El caso de Oswaldo Payá es elocuente.

A Castro II y su gente les encantan dar palizas en la calle a pacíficos opositores, no importa si son mujeres ancianas. Y fabricarles delitos comunes para encarcelarlos, o tenerlos varios días prisioneros para que “escarmienten”. En 2017 la dictadura realizó 5.155 arrestos por motivos políticos. Muchos fueron condenados por cargos fabricados, copiados de figuras delictivas de los nazis, como “peligrosidad social” o “atentado”.

“Me colgaban de la puerta de la celda por las manos”

Y ahora acaban de crear uno nuevo, el de “asesinato en tentativa”. De ello acusan al líder de UNPACU, José Daniel Ferrer, en Santiago de Cuba. Poco importa que los testigos vieran cómo el connotado esbirro Dainier Suárez Pagán se colocó deliberadamente delante del automóvil que conducía Ferrer, quien pisó bruscamente el freno y una rueda del vehículo se dislocó. El plan de Pagán funcionó y Ferrer probablemente será encarcelado.

Además de las palizas de rigor, los presos políticos sufren el hostigamiento psicológico de sus carceleros y jefes. Padecen de comidas en mal estado, brotes diarreicos desatendidos, negación de medicamentos, falta asombrosa de higiene, hacinamiento, vendas para fomentos en los mismos jarros sucios donde reciben alimentos, ácaros, chinches, mosquitos, ratones y cucarachas. Negación de visitas, castigos por negarse a hacer ciertos “favores”, como espiar a otro recluso o propinarle una golpiza de escarmiento, o robarle sus pertenencias. También les plantan armas blancas para castigarlos.                      

Mario Alberto Hernández Leyva, de Holguín, es vicepresidente del Movimiento Opositores por Una Nueva República (MONR). En mayo de 2014 fue recluido sin juicio en la prisión de Valle Grande. Salió de la cárcel en 2017 y hace poco reveló a este diario lo que sufrió por no ponerse la camisa de preso común: “Me colgaban de la puerta de la celda por las manos esposadas Había días que me amarraban desde las 10:00PM hasta las 5:00AM… También me esposaban a la litera, no me podía agachar, moverme, nada”.

Por eso es necesario evocar la denuncia que hizo José Martí cuando, con solo 18 años de edad, escribió El presidio político en Cuba, al salir de las mazmorras colonialistas de La Habana. Es necesario correr el velo que cubre al Gulag castrista. Información fidedigna, desde el terreno mismo, hay de sobra.

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