Bioquimico cubano es expulsado de su empleo por su asociación con opositores

Desde el 2013, Oscar Antonio Casanella Saint-Blancard, licenciado en Bioquímica, trabaja bajo la amenaza administrativa de ser expulsado del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR), centro donde trabaja desde hace 12 años como investigador agregado.

La amistad con personas que disienten de la política del gobierno, es el argumento administrativo  que lo excluye de los servicios básicos para investigar y lo amenaza con el desempleo.

Así se lo dejó saber, durante una reunión, Lorenzo Anasagasti Angulo, subdirector de Docencia e Investigaciones del INOR.

“Yo acabo de llamar al G2. Si hay que botarte, el primero que lo va hacer soy yo. Yo quiero más a mis hijos que a ti, y eso es una forma de defenderme”.

Otro de los pecados ideológicos de Casanella fue visitar una exposición fílmica en la sede del proyecto Estado de Sats y compartir criterios con sus miembros. Según Anasagasti, el Departamento de Seguridad del Estado (DSE), le describió el grupo disidente como no violento y financiado por la embajada de los Estados Unidos en Cuba.

“Es una estructura muy bien conformada y dirigida por la Oficina de Intereses (embajada de los Estados Unidos). No sé si tú tienes consciencia en donde tú te has metido y hasta dónde pueden llegar las consecuencias”, dijo el administrativo al bioquímico.

La represión institucional

En diciembre del 2013, Antonio Casanella ofreció una fiesta a su amigo de la adolescencia Ciro Javier Díaz Penedo, guitarra del grupo de rock Porno para Ricardo.

Desde entonces, las limitaciones que la administración del INOR impone a Casanella prohíben su derecho al servicio de Internet que ofrecen a los especialistas del centro, la participación en eventos científicos y la colaboración de otros investigadores en sus proyectos.

En el 2016 la represión laboral llegó a la suspensión de las clases que, desde el 2006, Casanella  impartía gratuitamente en la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana.

No fueron escuchadas ninguna de las apelaciones realizadas por el trabajador al Órgano de Justicia Laboral (OJL). Las instituciones de gobierno tampoco respondieron las reclamaciones para restablecer sus derechos laborales.

Antes de desvanecer sus esperanzas, el bioquímico escribió al presidente Raúl Castro: “Agentes de la Seguridad del Estado, utilizando también miembros del Partido Comunista de Cuba (PCC) y agentes de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) me han estado amenazando con encarcelarme, coaccionando a mis superiores para trasladarme de centro de trabajo (…) a otro de menor importancia”.

La respuesta presidencial fue el largo silencio de un año que culminó con la suspensión por treinta días del vínculo laboral, sin retribución. La medida fue impuesta por el OJL.

Según la sentencia escrita, la sanción se basa en, “planteamientos irrespetuosos y lesivos” hacia el administrativo Anasagasti Angulo.

El irrespeto de Casanella consistió en acusar públicamente al subdirector docente de presionar a sus colegas para que lo rechacen.

El bioquímico solicitó ayuda al sindicato del INOR para demostrar la veracidad de su acusación. Xiomara Escobar Pérez, secretaria sindical, se negó a recibir la reclamación y respondió por escrito:

“No estoy de acuerdo (con la acusación). Cuando se haga una audiencia (…), que me convoque a la misma¨.

El temor o la simulación para seguir flotando

Las evidencias sustentan la acusación del bioquímico contra la administración del centro. En el inicio del conflicto nueve de sus colegas firmaron una carta de apoyo a Casanella resaltando su excelente trabajo.

También firmó igual misiva María del Carmen Luzardo, Jefa del Departamento de Bioquímica de la Facultad de Biología, y una tercera rubricada por trece estudiantes de la misma facultad.

Pero al intentar entrevistar algunos de los firmantes para aportar testimonios a este trabajo, uno aludió que se había “enfriado” y otro no respondió al teléfono, después de no acudir a una cita. El resto ni siquiera salió de detrás de las firmas que estamparon, quizá por temor a pasar por lo mismo que el profesor Casanella; o porque, como se dice en Cuba, “la universidad es solo para los revolucionarios”.

La explicación de los temores la obtuvimos del propio subdirector durante una reunión con Casanella: “Desde tu jodienda para acá, vivo menos tranquilo. Carga con lo tuyo, no involucres a los demás. ¿Qué tienes que estar haciendo aquí, pidiendo apoyo?”

Para los administrativos del INOR, la represión laboral contra Casanella está justificada. Las relaciones con personas que difieren de la ideología oficial es el argumento más sólido.

Casanella declaró que vive un acoso laboral parmente. Según contó, Pedro Wilfredo Fernández Cabezas, militante del Partido Comunista de Cuba (PCC) y miembro del OJL que lo sancionó, le dijo: “Estas metido en un lugar en el que no tienes que estar metido (…) Puedes sufrir consecuencias negativas en tu trabajo. Te podemos expulsar”.

El bioquímico alega que el discurso ideológico de Fernández Cabezas “es incongruente con su estilo de vida basado en las remesas monetarias y sus constantes viajes a los Estados Unidos”.

El Código de Trabajo cubano no recoge la figura de acoso laboral, tipificada en las acciones persistentes sobre Casanella, llevadas a cabo por los administrativos con perjuicio laboral o fines intimidatorios para inducirlo a la renuncia.

La ausencia de esta figura en la legislación cubana y las amistades “ideológicamente peligrosas” hacen que el camino a la reivindicación laboral sea largo y sin esperanzas.

Los últimos intentos de bioquímico están encaminados a promover un proceso penal por delitos contra los derechos laborales, basado en la medida disciplinaria sin sustento en pruebas o testimonios. Una batalla contra molinos de viento.