Estado de SATS

Posted on enero 20, 2013 by

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(CubaLibre en blogs de El País)

Por: Yoani Sánchez | 18 de noviembre de 2012

Las manos unidas al frente, la respiración profunda, las luces que comienzan a encenderse y el telón que se descorre. El actor aún no está frente a su público, pero ya se encuentra en ese punto de partida para empezar a hablar, a gesticular en la voz y las formas de su personaje. Está en estado de “SATS”, una palabra escandinava que refiere justamente al instante previo a la acción teatral o al esfuerzo deportivo; el momento de mayor concentración que antecede al estallido artístico o a la descarga de adrenalina del salto, de la carrera. Esas cuatro letras, que resumen un viaje azaroso desde los abismos del yo hacia la extroversión, han sido asumidas por un proyecto de arte y pensamiento nacido en La Habana.

Estado de SATS se fundó en 2010 a partir de una idea de Antonio Rodiles y de otros dos cubanos emigrados. Surgió como “una iniciativa de jóvenes artistas, intelectuales y profesionales en busca de una mejor realidad” y en poco tiempo ganó reconocimiento y popularidad. La labor más conocida de SATS se centra en un programa de reflexión y debate que –filmado en la propia casa de Rodiles- circula con mucho éxito por las redes alternativas de información. Frente a esos micrófonos han pasado los más importantes actores sociales de la Cuba de hoy tocando temas medulares, impostergables. Muchos de esos invitados permanecen además silenciados o estigmatizados en la prensa oficial, de manera que los análisis y puntos de vista recogidos en los videos de SATS ahondan con honestidad en los graves problemas de nuestra sociedad, sin discriminar a nadie. Han brindado también la oportunidad para que otros proyectos artísticos, políticos o ciudadanos se narren en primera persona.

Pero hace más de una semana, la silla que ocupaba Antonio Rodiles en ese set sobrio y democrático está vacía. Ha sido detenido por la policía política cubana. El 7 de noviembre pasado, este hombre de 40 años que una vez se licenció en Física, entró a un calabozo del que todavía no ha salido. Pausado, analítico y con una profunda preocupación por todo lo que ocurre en su país, el fundador de SATS está viviendo en estos momentos el lado más sórdido de la represión en Cuba: la cárcel. Y su delito principal no parece ser el cargo de “resistencia al arresto” que alega un fiscal, sino el ilegal acto de pensar y opinar en una Isla donde ese “derecho” sólo le corresponde al Partido en el poder . Soñar y debatir sobre un país más inclusivo y plural es aquí un delito mayúsculo, bien que lo sabemos.

La estancia de Rodiles tras los barrotes es la materialización de una premonición, de unos de esos vaticinios dolorosos que muchos tuvimos mientras él expresaba sus opiniones y promovía que otros hicieran lo mismo. Lo veíamos como a una de esas luciérnagas atraídas por la luz de la responsabilidad cívica que –tarde o temprano- el totalitarismo de Raúl Castro haría que se incinerara en ella. Sus captores esperaron la oportunidad para atraparlo y eso ocurrió una tarde de miércoles cuando varios activistas exigían la libertad de Yaremis Flores, una abogada detenida. A las afueras de la temida Sección 21 (departamento que vigila y controla a opositores) se reunieron una decena de personas. Pero en lugar de liberar a la jurista, un grupo de agentes vestidos de civil se abalanzaron violentamente sobre los demandantes y los apresaron.

Al gesto pacífico se respondió con golpes, a la actitud cívica se le contrapuso la actitud represiva. Como si con el arresto de Antonio Rodiles se le quisiera dar una lección a toda la sociedad civil en su conjunto. Un otoño oscuro de dimensiones mucho menores a las de aquella Primavera Negra de 2003 –pero no por ello menos aterrador- se sucedió a partir de ese momento. El saldo, una treintena de disidentes detenidos temporalmente, entre periodistas independientes, activistas y bloggers alternativos. Yo misma estuve unas nueve horas en un estrecho cuarto donde tres mujeres y un hombre probaban todos los métodos verbales para desbaratar mi autoestima. Mi mente, sin embargo, estaba a mil kilómetros de allí, escapada hacia algún lugar hermoso en el que ellos no podían alcanzarme. Tengo casi la seguridad de que Rodiles está viviendo una situación similar, agravada por su estancia de varios días en una estación policial. Con él deben estarse probando los más acabados métodos de coacción y amenaza. Me imagino que le hayan dicho –como a mí- que se vaya de Cuba, que se largue de aquí porque esta Isla “es de Fidel”, como todas las calles, las aceras, cada árbol y cada fachada que conocemos. Librarse de los críticos empujándolos al exilio sigue siendo la estrategia más repetida contra los inconformes.

De seguro le están mencionando a este habanero, que un día vivió en el DF mexicano, los nombres de todos sus familiares. Sutil método para hacerle ver que conocen a los suyos, que están al tanto de todos su movimientos, que algo podría ocurrirles mientras caminan por las calles. Si la estrategia de los interrogatorios se repite, como el disco rayado de la prepotencia, entonces vislumbro dónde terminan algunas de esas sesiones de preguntas. Quizás lo amenacen –como le han hecho a tantos- con encerrarlo por largos años en una celda sucia, pestilente, violenta. Sus instructores policiales se reirán entre dientes mientras hacen también alusiones sexuales, atemorizantes. Y es en esos momentos cuando uno le ve el verdadero rostro a Fantomas, cuando se comprueba en carne propia la mediocridad absoluta bajo la piel del verdugo; en los que se reafirma la idea de por qué hay que seguir intentando cambiar Cuba. Para que esos censores de la risa y de la libertad, esos que saltan rápido del código penal al código del matonismo y de la guapería, no puedan seguir mandando en este país. Para que nadie caiga –nunca más- en un agujero de la legalidad donde cualquier cosa puede sucederle.

Sé que Antonio Rodiles será fuerte, que está ahora mismo como el actor que se zambulle en su interior para estallar en un estado más libre, en un estado de SATS.